
Me siento en deuda, con la vida, con mis padres, que me dieron la vida, con mi pareja , que me mantiene más viva, con mi hija que me la hace cada día maravillosa. Con mis amigos , con los que comparto la vida y las palabras que liberan el alma. Con Vietnam y la familia biológica de mi hija, que hicieron mi sueño posible; pues dandole la vida y cediendola llego a nosotros, con mi trabajo que me recarga de energía cada día, con mis niños que dan vuelo a mi imaginacion y me ponen las pilas cada día con sus pequeñas crisis. Porque sus crisis son su cambio (como dice la etimología de la palabra) y en esos cambios yo crezco.
Varios frentes en estos dias me hacen reflexionar sobre el rencor y el perdon. Son dos palabras con las que he trabajado en lo personal y trabajo cada día. Para liberarme de lo primero y conseguir sentir plenamente lo segundo y sentirme libre y ser yo, sin cargas generacionales y familiares que no me apetece llevar y para aceptar a traves del perdon y perdonarme a mi misma. Comence perdonando mis debilidades para las cueles tuve que perdonar a quienes me hicieron daño. Porque tu mayor verdugo será tu mejor maestro y entender esto costó, dolió, pero ahora, con todo lo que he de crecer aún, miro y siento de otra forma a mi padre. Desde la honra y el respeto, a traves del perdon, me han llevado a un amor que no creí sentir jamás.
Ese perdon me dio vida. Creo fervientemente en que nadie hace daño por hacer. Nuestros verdugos son victimas y siendo victimas se hicieron verdugos. De donde no hay no se saca fácilmente, el amor se enseña, "se mama", se siente, se crece, se hace a través del amor y a veces los órdenes del amor estan dañados y quien no da, quizás no recibio de quien debía recibir y si no recibes no aprendes a amar y si no sabes amar, no puedes saber ser padre o madre, amigo, pareja, amante etc....
No todos tenemos y sentimos la fuerza y la voluntad de crecer y rehacernos de las cenizas del desamor y la consecuencia a veces es el abandono, en cualquiera de sus especies. Hacia uno mismo, hacia los demás, hacia tu pareja, tus padres, tu familia, amigos e incluso tus hijos. No se trata de disculpar, sino de perdonar. Si sentimos profundamente ese perdon, lo hacemos nuestro, en mi modesta opinion, podemos transmitirlo y solo el perdon te libera. Pues si permanecemos en el rencor, permanecemos unidos, vinculados a algo nefasto y destructor. Porque hay vínculos patologicos que te hacen débil e infeliz. El perdon te libera del vínculo y en esa liberacion podemos establecer nuevos vinculos, empezando con nosotros mismos. Nos vinculamos a nosotros, aprendemos a querernos, a pesar del daño que nos han hecho, aprendemos que la responabilidad o la culpa no es nuestra, no nos pertenece a nosotros y soltando ese vinculo defectuoso que nace del dolor y la pérdida, podemos llegar a ser nosotros mismos y llegamos a amar mejor.
Ese es para mi el valor del perdon, porque si aprendemos a perdonar a pesar del dolor, podemos crear un mañana limpio de errores, en el que el pasado solo cuenta para aprender del error. Y solo a través del perdon de los demás nos llegamos a perdonar en nuestros errores. La vida además de maravillosa, no es fácil y es mucho más resilente vivir con la posibilidad del perdon que no es olvidar o no saber defenderte, todo lo contrario. No es olvidar sino recordar sin rencor y crecer ante la adversidad.
Perdonando aprendemos a perdonarnos y esto es vivir con un "plan b" , con "un az bajo la manga" vivir con una flor y con un escudo y una espada. No se trata de justificar, sino de perdonar lo aparentemente injustificable. No es endulzar o edulcorar la verdad, es aceptarla y a pesar del dolor perdonarla. No es negar una emocion, todo lo contrario, es permitirnos sentirla, elaborarla, acompañar al dolor, sentirlo y con el sentimiento ayudar a que se disipe el dolor y crezcamos en el amor. Todas las emociones son buenas, porque nos permiten liberar cargas, pero si no pasamos de la ira, nos quedamos en la ofuscacion y no crecemos, nos quedamos anclados en el rencor. No llegamos a la liberacion.
Solo si somos capaces de sentir, desde el pleno convencimiento de que es posible el perdon, nos liberamos del rencor que nos ata a nuestros verdugos. Libres de ellos dejamos de actuar como victimas o como verdugos. Nos defendemos sin agresión y en ello, obtenemos equilibrio y serenidad. La envidia, la rivalidad dejan de tener sentido, la resilencia, el crecimiento personal y la autosuperacion en definitiva son más fáciles.
5 comentarios:
Todos necesitamos sentir que hemos perdonado para sentirnos libres. Ese es el objetivo. El rencor no ayuda, pero a veces, sólo a veces, pone en el camino. Y cuando nos despojamos del rencor, llegamos a perdonar.
Un abrazo amiga. Os quiero mucho.
La verdad que cuándo perdonas te sientes liberado de un peso, pero no siempre se puede.
Cuándo te hacen mucho daño y sobre todo cuándo lo hacen a través de tus hijas porque saben que es la única manera de que te duela, ahí, sí, jamás perdonaré y jamás se me irá el rencor que siento hacia estas personas, más si son familia y sabes lo que has pasado para llegar a ser madre.....pero si te digo que desde que tengo este rencor y este dolor no consigo estar tranquila...por eso se que nunca volveré a ser la misma porque no me deja ser libre y es un lastre que llevo a diario.
Beos preciosa, ah!!, sabes algo de Isabel??
Leo y releo tu post que habla de algo que me toca directamente.
Yo he dejado atras el rencor, pero dolerme me sigue doliendo, y es que perdonar, pues no siento que yo sea quién puede o no hacerlo. Seguiré trabajando en ello.
Un beso
El perdón y el olvido del odio es lo único que te libre al alma del aprieto del rencor...Yo llevo dos años intentando librarme del odio que me invadió cuando llegó mi hijo a casa, y estoy perdonando aún a los muchos que por su omisión dejaron a mi hijo en las más absolutas de las ignorancias como persona, en el más absoluto abandono...Y la verdad...me siento más libre y radiante, por dentro...Sí creo que debemos personar para soltarnos de las cadenas, lo que ocurre es que todo lleva su tiempo...
Te he dejado un comentario para tí en mi última entrada pasa a leerlo.
Gracias por acompañarnos en este camino que no es de rosas precisamente.
Un beso enorme.
Mary-Carmen
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